La Crianza de Nuestros Sagrados Pequeños Hijos
por Mariví Serrano




SERES SAGRADOS 

Y fue ese día en que la semilla del milagro se depositó en mí, cuando mi cuerpo se transformó en Templo Sagrado. Pude ser testigo del mayor de los misterios, del mayor de los milagros….el de la creación de una vida humana.

Mi cuerpo de mujer se iba transformando al servicio de la vida… mis caderas, mi útero, mis pechos….y de ahí la gran metamorfosis se produjo: un ser me iba a parir como madre .

Y en el gran momento de nuestro encuentro, con su  inmensa luz, ese gran ser encarnado en un pequeño cuerpo se convirtió en el mayor de mis maestros.

Cual pura luz me conectó con la más inmensa de las vibraciones…la del amor infinito…

Y sentí que ese hijo de la vida, venido de más allá de las estrellas, me había elegido como madre para que le ayudara en este plano de existencia a poder caminar en el rumbo que su alma lo guiara; con mi amor le daría el combustible necesario para ello y con mis límites le enseñaría lo que le hacía salirse del camino…

Toda esa energía pura en cuerpo de niño manifestaba toda su energía con la más inmensa de las fuerzas…. ¿Que es la energía sino movimiento?
Todas sus emociones se manifestaban en el estado más puro…. Su alegría, su tristeza, su enojo….todas llevaban la fuerza infinita de la vida.  Y como su ángel guardián en la Tierra comprendí que tenía que enseñarle a encauzarlas, ya que tenía que utilizarlas como brújula interior que  le guiaran y no podía hacer mal uso de ellas dañando a los demás o dañándose a sí mismo. No se trata de reprimir sino de encauzar…de ayudarle a utilizar su brújula interior….

Abro mi mente para comprender que no existen hechos ni emociones buenas ni malas…todas son experiencias…. y desde ese entendimiento guío a mi pequeño  sabiendo que en sus primeros pasos en este plano busca conocer el mundo que le rodea y he de guiarlo sin juzgar su esencia en buena ni mala…ya que el transfondo envenenado que lleva ese juicio es  “solo si cumples mis expectativas te aceptaré”.

Y así, agradeciendo a la vida el gran regalo de la maternidad, disfruto de la mano de mi hijo de la experiencia que juntos vivimos…. Yo le ayudo a caminar en este mundo en sus primeros pasos y él me recuerda la verdadera esencia de la vida con su pureza y espontaneidad. Honramos así el milagro de la vida del que todos somos parte.

Mariví










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